"Esta foto se la tomé a mi hija hace años en un Nacimiento, ella siempre me decía que hablaba con un amigo imaginario al que llamaba El Duende, siempre dudé de lo que ella me decía hasta que tomé esta fotografía.
¡ATRÉVETE A LEERLO!
EL DUENDE 😱
"Esta foto se la tomé a mi hija hace años en un Nacimiento, ella siempre me decía que hablaba con un amigo imaginario al que llamaba El Duende, siempre dudé de lo que ella me decía hasta que tomé esta fotografía.
LA SELFIE MACABRA 😱
Al tomarse una selfie, este grupo de amigos no vieron nada fuera de lugar, sino hasta que observaron con horror que alguien más estaba entre ellos.
LA MUJER SIN CARA 😱
Has visto o escuchado hablar de la Mujer Sin Cara de la Carretera, que a más de un conductor le ha provocado pánico y terror.
La Carreta de la Muerte
Hace tiempo, trabajé con una vecina que vivía enfrente de mi casa. Ella vendía cenas por las noches, comenzaba a las 7 y terminaba alrededor de las 11, a veces un poco más tarde. Yo tenía 15 años en ese entonces y me gustaban mucho las historias de terror.
¿Conoces a Claribel? Dicen que está poseída
Todo comenzó en 2008, cuando una familia vivía tranquilamente en una zona residencial de Ciudad Juárez. Una noche, la tragedia cayó como una sombra sin rostro: un grupo armado irrumpió violentamente en la casa de Clarisa, la dueña original de la muñeca. Clarisa y su esposo fueron asesinados brutalmente. En su desesperación, Clarisa usó a su muñeca de porcelana para cubrirse. Murió encima de ella… dejando que su sangre empapara las costuras y grietas del rostro inerte de Claribel.
Después del crimen, nada volvió a ser normal. Los familiares comenzaron a notar cosas extrañas: Claribel aparecía en lugares donde nadie la había dejado, emitía sonidos—risas, llantos, susurros apagados… y lo peor: su expresión facial parecía cambiar.
Aterrados, la familia contactó al investigador paranormal Alejandro Medina, quien aceptó quedarse con Claribel para estudiarla. Durante las semanas que la muñeca estuvo en su poder, Medina fue testigo de lo imposible: despertaba con rasguños inexplicables y una noche, mientras dormía, escuchó una voz infantil que le susurraba: “Papá…”. Al levantarse creyendo que era su hija, la encontró dormida en otro cuarto. Pero el lugar donde guardaba a Claribel… estaba abierto.
Claribel no solo se movía, no solo susurraba… parecía inteligente, observadora, y sobre todo, maliciosa.
Medina decidió no enfrentarse solo a lo que habitaba esa muñeca. Contactó a Israel Barrantes, miembro de la Fundación Legacy Warren en Costa Rica, quien a su vez tenía contacto directo con Chris McKinnell, el nieto de Ed y Lorraine Warren. Después de semanas de videollamadas, estudios e informes, Claribel fue trasladada —con extremas medidas de seguridad— al museo de los Warren, donde permanece hasta el día de hoy, encerrada en una vitrina bendecida periódicamente.
Pero incluso dentro del museo… Claribel no ha descansado.
Visitantes afirman sentir náuseas al mirarla. Un turista, que se burló de ella y se tomó una foto tocando la vitrina, murió días después en un accidente. En su mochila encontraron la fotografía, parcialmente rota. Algunos creen que eso fue suficiente para despertar la furia de la muñeca.
Claribel no es solo un objeto maldito.
Es una presencia.
Una advertencia.
Una mirada silenciosa… que aún espera.
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Los Tamales del infierno
Historia basada en echos reales
En una populosa colonia de la Ciudad de México, había un próspero negocio de tamales que era famoso en toda la zona. El lugar ofrecía una gran variedad de tamales: rojos con chile seco y costilla de puerco, tamales de mole con suculentos trozos de pollo, tamales verdes con un toque picante y carne de puerco, tamales de rajas con queso y chícharos, de frijoles con queso y rajas de chile cuaresmeño, tamales de champiñones y verdolagas en salsa de tomatillo con chile de árbol y pollo. Y no podían faltar los tamales chiapanecos, envueltos en hojas de plátano y rellenos de carne de cerdo bañada en una deliciosa salsa de chile habanero.
En cuanto a los tamales dulces, el surtido era igualmente tentador: tamales de piña almibarada, de fresa, otros de vainilla con pasta y arándanos, entre otros. Además, se acompañaban con una selección de atoles de diversos sabores, que iban desde el tradicional chocolate y champurrado, hasta el más exótico tamarindo, guayaba o fresa.
La verdad es que siempre había largas filas de clientes ansiosos por disfrutar de esos tamales tan afamados. Todos salían del local con sonrisas en el rostro, satisfechos y alabando la calidad de la comida que ofrecía el lugar, conocido por todos como "Tamales Doña Licha".
Con el paso de los años, el negocio siguió prosperando, ganando fama no solo en la colonia, sino en toda la ciudad. Sin embargo, esa reputación impecable se desmoronó de manera abrupta e inesperada. Una tarde, un niño llamado Juanito estaba comiendo su tamal favorito, uno de salsa verde con carne de puerco, cuando hizo un escalofriante descubrimiento. Al morder el tamal, algo duro le hizo fruncir el ceño. Al inspeccionar el interior, encontró lo impensable: un d3do hum4no entre la masa y la salsa.
Aterrorizado, Juanito corrió hacia su madre para mostrarle el hallazgo. Al verla, el rostro de la mujer se desfiguró en una mueca de horror. Inmediatamente, fueron a la policía a denunciar lo ocurrido. Tras una exhaustiva investigación, la policía arrestó a Doña Licha, la dueña del negocio, que hasta ese momento había sido la cara amable y trabajadora del lugar.
Durante los interrogatorios, y bajo una fuerte presión, Doña Licha terminó por confesar lo impensable: llevaban años utilizando c4rn3 hum4na en la elaboración de los tamales. Todo había comenzado años atrás, cuando Doña Licha tuvo una acalorada discusión con su amante, un hombre llamado Braulio, conocido por ser un vividor y malvivi3nte que la g0lpe4ba y le quitaba dinero constantemente. En esa última pel3a, cuando Braulio la estaba g0lpe4ndo brutalmente, Doña Licha, en un acto desesperado, se defendió y le clavó un cuchill0 directo al c0r4zón, m4tánd0lo al instante.
Desesperada y sin saber qué hacer con el c4dáv3r, Doña Licha recurrió a su hijo Vicente, un joven de 18 años. Juntos, tramaron un plan macabro para deshacerse del cu3rp0. La solución que encontraron fue usar la c4rne de Braulio para los tamales. Lo que comenzó como una acción desesperada pronto se convirtió en una práctica habitual. La clientela, sin saberlo, elogiaba la calidad de la c4rne, diciendo que era "la mejor que habían probado".
El negocio floreció aún más después de ese macabro suceso. Pero cuando la c4rne de Braulio se agotó, Doña Licha y Vicente se enfrentaron a un dilema. La solución que encontraron fue tan aterradora como inimaginable: comenzaron a m4tar a otras personas para seguir abasteciendo su "despensa". Hombres, mujeres, incluso niños fueron víctim4s de este horrendo crim3n, convirtiéndose en el relleno de los famosos tamales que tanto éxito les habían dado.
Durante años, nadie sospechó nada. El negocio seguía creciendo y la clientela aumentando. Pero cometieron un error imperdonable: dejaron un d3d0 hum4n0 entero en uno de los tamales. Fue ese fatídico error el que reveló el horror que se escondía detrás del éxito de "Tamales Doña Licha".
Este aterrador episodio ocurrió en la colonia Portales, de la Ciudad de México, una fría tarde de septiembre de 1971. Desde entonces, el nombre de Doña Licha quedó grabado en la memoria colectiva como uno de los casos más espeluznantes de la historia crimin4l de la ciudad.






