Cuenta una historia de un pequeño pueblo, una joven pareja había tenido a su primer hijo, como era costumbre en ese pueblito todos fueron a donarle algo al recién nacido y a los padres, era un pueblo solidario en que casi todos se conocían, entre los regalos había una gallina negra que había dejado una anciana, que aunque era muy poco sociable se hizo muy amiga de la muchacha cuando supo que estaba embarazada, les comentó que la gallina pondría suficientes huevos para toda una familia, y así fue, la gallina ponía huevos de sobra para comer y vender, pero había un problema con el recién nacido, comenzó a perder peso muy rápido y a enfermarse de una fiebre muy fuerte, no sabían que hacer y en el pueblo no había médico que supiera la causa de su mal, por recomendación de un amigo del trabajo el padre del bebé, consultó con un brujo, este hombre al ver el estado del niño dijo que podría ayudarlo, pero para eso tendría que ir a su casa, bajo la condición de que una vez el llegara se le tratara como aún miembro o amigo muy cercado de la familia, y así lo hicieron, el brujo llegó a la casa, lo saludaron amablemente y lo hicieron pasar como a un familiar, una vez dentro, no paraba de mirar para todas partes como buscando algo, salió de la casa y caminó al rededor de ella mientras platicaba con el padre del bebé y disimuladamente regaba sal por todo al rededor, una vez completó un círculo abrió el corral de la gallina la cual intentó escapar dando saltos pero no pudo cruzar el círculo de sal, al fin el brujo la tomó del cuello y ante la sorpresa de todos la gallina habló,
¡ATRÉVETE A LEERLO!
Una gallina perversa
Cuenta una historia de un pequeño pueblo, una joven pareja había tenido a su primer hijo, como era costumbre en ese pueblito todos fueron a donarle algo al recién nacido y a los padres, era un pueblo solidario en que casi todos se conocían, entre los regalos había una gallina negra que había dejado una anciana, que aunque era muy poco sociable se hizo muy amiga de la muchacha cuando supo que estaba embarazada, les comentó que la gallina pondría suficientes huevos para toda una familia, y así fue, la gallina ponía huevos de sobra para comer y vender, pero había un problema con el recién nacido, comenzó a perder peso muy rápido y a enfermarse de una fiebre muy fuerte, no sabían que hacer y en el pueblo no había médico que supiera la causa de su mal, por recomendación de un amigo del trabajo el padre del bebé, consultó con un brujo, este hombre al ver el estado del niño dijo que podría ayudarlo, pero para eso tendría que ir a su casa, bajo la condición de que una vez el llegara se le tratara como aún miembro o amigo muy cercado de la familia, y así lo hicieron, el brujo llegó a la casa, lo saludaron amablemente y lo hicieron pasar como a un familiar, una vez dentro, no paraba de mirar para todas partes como buscando algo, salió de la casa y caminó al rededor de ella mientras platicaba con el padre del bebé y disimuladamente regaba sal por todo al rededor, una vez completó un círculo abrió el corral de la gallina la cual intentó escapar dando saltos pero no pudo cruzar el círculo de sal, al fin el brujo la tomó del cuello y ante la sorpresa de todos la gallina habló,
🐺🐺PIDE PERMISO SIEMPRE🐺🐺
Si tienes que subir una montaña o peregrinar por la selva pide permiso a los espíritus y guardianes del lugar.
EL DUENDE 😱
"Esta foto se la tomé a mi hija hace años en un Nacimiento, ella siempre me decía que hablaba con un amigo imaginario al que llamaba El Duende, siempre dudé de lo que ella me decía hasta que tomé esta fotografía.
LA SELFIE MACABRA 😱
Al tomarse una selfie, este grupo de amigos no vieron nada fuera de lugar, sino hasta que observaron con horror que alguien más estaba entre ellos.
LA MUJER SIN CARA 😱
Has visto o escuchado hablar de la Mujer Sin Cara de la Carretera, que a más de un conductor le ha provocado pánico y terror.
La Carreta de la Muerte
Hace tiempo, trabajé con una vecina que vivía enfrente de mi casa. Ella vendía cenas por las noches, comenzaba a las 7 y terminaba alrededor de las 11, a veces un poco más tarde. Yo tenía 15 años en ese entonces y me gustaban mucho las historias de terror.
¿Conoces a Claribel? Dicen que está poseída
Todo comenzó en 2008, cuando una familia vivía tranquilamente en una zona residencial de Ciudad Juárez. Una noche, la tragedia cayó como una sombra sin rostro: un grupo armado irrumpió violentamente en la casa de Clarisa, la dueña original de la muñeca. Clarisa y su esposo fueron asesinados brutalmente. En su desesperación, Clarisa usó a su muñeca de porcelana para cubrirse. Murió encima de ella… dejando que su sangre empapara las costuras y grietas del rostro inerte de Claribel.
Después del crimen, nada volvió a ser normal. Los familiares comenzaron a notar cosas extrañas: Claribel aparecía en lugares donde nadie la había dejado, emitía sonidos—risas, llantos, susurros apagados… y lo peor: su expresión facial parecía cambiar.
Aterrados, la familia contactó al investigador paranormal Alejandro Medina, quien aceptó quedarse con Claribel para estudiarla. Durante las semanas que la muñeca estuvo en su poder, Medina fue testigo de lo imposible: despertaba con rasguños inexplicables y una noche, mientras dormía, escuchó una voz infantil que le susurraba: “Papá…”. Al levantarse creyendo que era su hija, la encontró dormida en otro cuarto. Pero el lugar donde guardaba a Claribel… estaba abierto.
Claribel no solo se movía, no solo susurraba… parecía inteligente, observadora, y sobre todo, maliciosa.
Medina decidió no enfrentarse solo a lo que habitaba esa muñeca. Contactó a Israel Barrantes, miembro de la Fundación Legacy Warren en Costa Rica, quien a su vez tenía contacto directo con Chris McKinnell, el nieto de Ed y Lorraine Warren. Después de semanas de videollamadas, estudios e informes, Claribel fue trasladada —con extremas medidas de seguridad— al museo de los Warren, donde permanece hasta el día de hoy, encerrada en una vitrina bendecida periódicamente.
Pero incluso dentro del museo… Claribel no ha descansado.
Visitantes afirman sentir náuseas al mirarla. Un turista, que se burló de ella y se tomó una foto tocando la vitrina, murió días después en un accidente. En su mochila encontraron la fotografía, parcialmente rota. Algunos creen que eso fue suficiente para despertar la furia de la muñeca.
Claribel no es solo un objeto maldito.
Es una presencia.
Una advertencia.
Una mirada silenciosa… que aún espera.
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Los Tamales del infierno
Historia basada en echos reales
En una populosa colonia de la Ciudad de México, había un próspero negocio de tamales que era famoso en toda la zona. El lugar ofrecía una gran variedad de tamales: rojos con chile seco y costilla de puerco, tamales de mole con suculentos trozos de pollo, tamales verdes con un toque picante y carne de puerco, tamales de rajas con queso y chícharos, de frijoles con queso y rajas de chile cuaresmeño, tamales de champiñones y verdolagas en salsa de tomatillo con chile de árbol y pollo. Y no podían faltar los tamales chiapanecos, envueltos en hojas de plátano y rellenos de carne de cerdo bañada en una deliciosa salsa de chile habanero.
En cuanto a los tamales dulces, el surtido era igualmente tentador: tamales de piña almibarada, de fresa, otros de vainilla con pasta y arándanos, entre otros. Además, se acompañaban con una selección de atoles de diversos sabores, que iban desde el tradicional chocolate y champurrado, hasta el más exótico tamarindo, guayaba o fresa.
La verdad es que siempre había largas filas de clientes ansiosos por disfrutar de esos tamales tan afamados. Todos salían del local con sonrisas en el rostro, satisfechos y alabando la calidad de la comida que ofrecía el lugar, conocido por todos como "Tamales Doña Licha".
Con el paso de los años, el negocio siguió prosperando, ganando fama no solo en la colonia, sino en toda la ciudad. Sin embargo, esa reputación impecable se desmoronó de manera abrupta e inesperada. Una tarde, un niño llamado Juanito estaba comiendo su tamal favorito, uno de salsa verde con carne de puerco, cuando hizo un escalofriante descubrimiento. Al morder el tamal, algo duro le hizo fruncir el ceño. Al inspeccionar el interior, encontró lo impensable: un d3do hum4no entre la masa y la salsa.
Aterrorizado, Juanito corrió hacia su madre para mostrarle el hallazgo. Al verla, el rostro de la mujer se desfiguró en una mueca de horror. Inmediatamente, fueron a la policía a denunciar lo ocurrido. Tras una exhaustiva investigación, la policía arrestó a Doña Licha, la dueña del negocio, que hasta ese momento había sido la cara amable y trabajadora del lugar.
Durante los interrogatorios, y bajo una fuerte presión, Doña Licha terminó por confesar lo impensable: llevaban años utilizando c4rn3 hum4na en la elaboración de los tamales. Todo había comenzado años atrás, cuando Doña Licha tuvo una acalorada discusión con su amante, un hombre llamado Braulio, conocido por ser un vividor y malvivi3nte que la g0lpe4ba y le quitaba dinero constantemente. En esa última pel3a, cuando Braulio la estaba g0lpe4ndo brutalmente, Doña Licha, en un acto desesperado, se defendió y le clavó un cuchill0 directo al c0r4zón, m4tánd0lo al instante.
Desesperada y sin saber qué hacer con el c4dáv3r, Doña Licha recurrió a su hijo Vicente, un joven de 18 años. Juntos, tramaron un plan macabro para deshacerse del cu3rp0. La solución que encontraron fue usar la c4rne de Braulio para los tamales. Lo que comenzó como una acción desesperada pronto se convirtió en una práctica habitual. La clientela, sin saberlo, elogiaba la calidad de la c4rne, diciendo que era "la mejor que habían probado".
El negocio floreció aún más después de ese macabro suceso. Pero cuando la c4rne de Braulio se agotó, Doña Licha y Vicente se enfrentaron a un dilema. La solución que encontraron fue tan aterradora como inimaginable: comenzaron a m4tar a otras personas para seguir abasteciendo su "despensa". Hombres, mujeres, incluso niños fueron víctim4s de este horrendo crim3n, convirtiéndose en el relleno de los famosos tamales que tanto éxito les habían dado.
Durante años, nadie sospechó nada. El negocio seguía creciendo y la clientela aumentando. Pero cometieron un error imperdonable: dejaron un d3d0 hum4n0 entero en uno de los tamales. Fue ese fatídico error el que reveló el horror que se escondía detrás del éxito de "Tamales Doña Licha".
Este aterrador episodio ocurrió en la colonia Portales, de la Ciudad de México, una fría tarde de septiembre de 1971. Desde entonces, el nombre de Doña Licha quedó grabado en la memoria colectiva como uno de los casos más espeluznantes de la historia crimin4l de la ciudad.
El eco del abandono
María era una mujer sencilla, de manos ajadas y mirada cansada, que había dedicado su vida entera a cuidar de su hijo, Andrés. Desde que el padre de Andrés los abandonó, cuando el niño apenas tenía tres años, María se convirtió en el único sostén de la familia. No le importaba trabajar hasta el agotamiento, pasar hambre, ni siquiera el desprecio de aquellos que la rodeaban. Todo lo que hacía, lo hacía por Andrés.
A medida que Andrés crecía, su relación con su madre se fue deteriorando. En su adolescencia, comenzó a sentir vergüenza de su origen humilde y, con el paso del tiempo, su resentimiento hacia María se hizo más profundo. La veía como una carga, alguien que le recordaba constantemente su pobreza y sus carencias.
Una tarde, cuando Andrés cumplió veintiún años, decidió que había tenido suficiente. Quería comenzar de nuevo, lejos de aquel pueblo pequeño y de la vida que su madre le había impuesto. Sin decir una palabra, hizo sus maletas y se fue. María se enteró de su partida cuando, al llegar a casa después de un día de trabajo, encontró la casa vacía, sin un rastro de él.
El dolor que sintió fue insoportable, como si le hubieran arrancado el corazón. Pasaron los meses y María se quedaba cada noche mirando la puerta, esperando que Andrés volviera, que se diera cuenta de su error y regresara a ella. Pero las noches pasaban, y la puerta seguía inmóvil.
Con el tiempo, María comenzó a debilitarse. Ya no tenía fuerzas para ir al trabajo y apenas salía de casa. Aun así, se aferraba a la esperanza de que Andrés volvería. Se quedaba horas sentada en la vieja silla junto a la ventana, mirando hacia la carretera, esperando verlo aparecer. Pero esa espera se convirtió en su única compañía.
Una fría noche de invierno, María escuchó un ruido en la puerta. Su corazón se aceleró. Pensó que Andrés finalmente había regresado. Con esfuerzo, se levantó y se acercó a la puerta, abriéndola con manos temblorosas. Frente a ella no había nadie. Solo el eco del viento gélido y las sombras de los árboles que se agitaban en la oscuridad. Pero entonces, algo se movió entre las sombras.
Una figura alta y oscura se materializó frente a María, pero no era su hijo. Era algo más, algo que parecía absorber la luz a su alrededor, dejando un frío abrumador en el aire. La criatura, con ojos vacíos y una sonrisa torcida, habló con una voz profunda y desgarradora:
—Él no volverá, María. Te ha dejado, como todos los demás.
María sintió que su alma se rompía. Sus piernas cedieron y cayó de rodillas, incapaz de procesar el dolor y la desesperación. Pero la criatura no terminó allí.
—Ven conmigo —susurró—. Yo te daré lo que buscas. No tendrás que esperar más.
María, perdida en su desesperación, aceptó. Su vida había sido una larga cadena de sufrimiento, y la promesa de una liberación, de cualquier tipo, era tentadora. La criatura extendió una mano larga y descarnada, y cuando María la tomó, sintió cómo el frío la invadía por completo. Su alma se hundió en la oscuridad, atrapada para siempre en un ciclo interminable de tristeza y abandono.
Pasaron años, y el pueblo comenzó a hablar de la casa vacía de María. Nadie sabía qué había sido de ella. Los pocos vecinos que se atrevían a acercarse decían que, por las noches, podían escuchar el eco de sollozos dentro de la casa, como si alguien esperara a alguien que nunca iba a llegar.
Un día, Andrés, tras una vida llena de fracasos y remordimientos, decidió regresar. Al llegar a la casa de su madre, la encontró vacía, desmoronada por el tiempo. Mientras recorría las habitaciones polvorientas, comenzó a escuchar un suave lamento, un llanto apagado que parecía provenir de todas partes. Su corazón se aceleró al reconocer la voz de su madre.
Corrió hacia la fuente del sonido, desesperado por verla, por pedirle perdón. Pero cuando llegó al final del pasillo, la oscuridad lo envolvió. Un frío insoportable lo paralizó, y en la penumbra, vio la figura de su madre, deformada y atrapada, mirándolo con unos ojos vacíos y llenos de rencor.
—Nunca volviste —susurró María, su voz resonando como un eco en las paredes—. Y ahora yo nunca me iré.
Antes de que pudiera gritar, las sombras lo devoraron. Ahora ambos permanecen allí, en la casa vacía, atrapados en un ciclo eterno de abandono y tristeza, mientras el eco de su sufrimiento se extiende por el viento, alcanzando a aquellos que se acercan demasiado.
Y nadie más vuelve.


















