¡ATRÉVETE A LEERLO!

Una gallina perversa


Cuenta una historia de un pequeño pueblo, una joven pareja había tenido a su primer hijo, como era costumbre en ese pueblito todos fueron a donarle algo al recién nacido y a los padres, era un pueblo solidario en que casi todos se conocían, entre los regalos había una gallina negra que había dejado una anciana, que aunque era muy poco sociable se hizo muy amiga de la muchacha cuando supo que estaba embarazada, les comentó que la gallina pondría suficientes huevos para toda una familia, y así fue, la gallina ponía huevos de sobra para comer y vender, pero había un problema con el recién nacido, comenzó a perder peso muy rápido y a enfermarse de una fiebre muy fuerte, no sabían que hacer y en el pueblo no había médico que supiera la causa de su mal, por recomendación de un amigo del trabajo el padre del bebé, consultó con un brujo, este hombre al ver el estado del niño dijo que podría ayudarlo, pero para eso tendría que ir a su casa, bajo la condición de que una vez el llegara se le tratara como aún miembro o amigo muy cercado de la familia, y así lo hicieron, el brujo llegó a la casa, lo saludaron amablemente y lo hicieron pasar como a un familiar, una vez dentro, no paraba de mirar para todas partes como buscando algo, salió de la casa y caminó al rededor de ella mientras platicaba con el padre del bebé y disimuladamente regaba sal por todo al rededor, una vez completó un círculo abrió el corral de la gallina la cual intentó escapar dando saltos pero no pudo cruzar el círculo de sal, al fin el brujo la tomó del cuello y ante la sorpresa de todos la gallina habló, 
"Sueltame m/al///dit/o indio!!"

Gritó la gallina con una voz ronca de mujer, el brujo comenzó a llenarle el pico con unas hierbas que hicieron que la gallina se retorciera y poco a poco tomara la forma de una anciana, esta al verse descubierta salió corriendo soltando gritos y maldiciones por todo el monte, el brujo les comentó que era esa bruja la que estaba enfermando al bebé.
Después de que la bruja se fue el bebé pudo sanar completamente.
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🐺🐺PIDE PERMISO SIEMPRE🐺🐺


Si tienes que subir una montaña o peregrinar por la selva pide permiso a los espíritus y guardianes del lugar.

🐺Es muy importante que te comuniques aún si no sientes, no escuchas o no ves. Ingresa con respeto a cada lugar, ya que toda la Naturaleza te escucha, te ve y te siente.

🐺Cada movimiento que realizas en el microcosmos, genera un gran impacto en el macrocosmos.
Cuando te acerques a la vegetación agradece por la medicina que tiene para ti.🐺

🐺Honra la vida en sus múltiples formas y sé consciente que cada ser está cumpliendo su propósito, nada fue creado para llenar espacios, todo y todos estamos aquí recordando nuestra misión, recordando quiénes somos y despertando a la enseñanza sagrada y ancestral.

🐺Y nunca olvides dar gracias al salir del bosque, monte o montaña, gracias, gracias, gracias .
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EL DUENDE 😱


"Esta foto se la tomé a mi hija hace años en un Nacimiento, ella siempre me decía que hablaba con un amigo imaginario al que llamaba El Duende, siempre dudé de lo que ella me decía hasta que tomé esta fotografía.

🗣 Si tienes una historia paranormal que contar, envíanos tu escrito y fotografía, para que sea publicada en Radio Pasomachense.
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LA SELFIE MACABRA 😱


Al tomarse una selfie, este grupo de amigos no vieron nada fuera de lugar, sino hasta que observaron con horror que alguien más estaba entre ellos.

Ocurrió en las montañas de Chile. ¿Ya lograste verlo?

🗣 Si tienes una historia paranormal que contar, envíanos tu escrito y fotografía, para que sea publicada en Radio Pasomachense.
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LA MUJER SIN CARA 😱


Has visto o escuchado hablar de la Mujer Sin Cara de la Carretera, que a más de un conductor le ha provocado pánico y terror.

🗣 Si tienes una historia paranormal que contar, envíanos tu escrito y fotografía, para que sea publicada en Radio Pasomachense.
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La Carreta de la Muerte


Hace tiempo, trabajé con una vecina que vivía enfrente de mi casa. Ella vendía cenas por las noches, comenzaba a las 7 y terminaba alrededor de las 11, a veces un poco más tarde. Yo tenía 15 años en ese entonces y me gustaban mucho las historias de terror.

Una noche, mientras trabajábamos, le pregunté a mi vecina sobre cosas paranormales que le habían pasado. Ella me contó una historia sobre "la carreta de la muerte," la cual supuestamente solían escuchar las personas que andaban muy tarde en la calle.

Como yo era un poco vago y travieso, de "broma" ella me decía: "Te va a salir la carreta de la muerte si sigues andando en la calle hasta tarde". A mí me daba risa, pero curiosamente, una madrugada, alrededor de las 3 o 4 de la mañana, empecé a escuchar unas cadenas en el camino de mi casa, que era un poco empedrado porque no estaba hecho de concreto. También oí el sonido de unos caballos.

Yo estaba en el segundo piso de mi casa y quise mirar por la ventana para ver qué era, pero por alguna razón no me atreví a hacerlo. No sé si tuvo que ver con lo que me contó mi vecina, pero sí me aterrorizó.
Historia de Jorge O.
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¿Conoces a Claribel? Dicen que está poseída


Todo comenzó en 2008, cuando una familia vivía tranquilamente en una zona residencial de Ciudad Juárez. Una noche, la tragedia cayó como una sombra sin rostro: un grupo armado irrumpió violentamente en la casa de Clarisa, la dueña original de la muñeca. Clarisa y su esposo fueron asesinados brutalmente. En su desesperación, Clarisa usó a su muñeca de porcelana para cubrirse. Murió encima de ella… dejando que su sangre empapara las costuras y grietas del rostro inerte de Claribel.

Después del crimen, nada volvió a ser normal. Los familiares comenzaron a notar cosas extrañas: Claribel aparecía en lugares donde nadie la había dejado, emitía sonidos—risas, llantos, susurros apagados… y lo peor: su expresión facial parecía cambiar.

Aterrados, la familia contactó al investigador paranormal Alejandro Medina, quien aceptó quedarse con Claribel para estudiarla. Durante las semanas que la muñeca estuvo en su poder, Medina fue testigo de lo imposible: despertaba con rasguños inexplicables y una noche, mientras dormía, escuchó una voz infantil que le susurraba: “Papá…”. Al levantarse creyendo que era su hija, la encontró dormida en otro cuarto. Pero el lugar donde guardaba a Claribel… estaba abierto.

Claribel no solo se movía, no solo susurraba… parecía inteligente, observadora, y sobre todo, maliciosa.

Medina decidió no enfrentarse solo a lo que habitaba esa muñeca. Contactó a Israel Barrantes, miembro de la Fundación Legacy Warren en Costa Rica, quien a su vez tenía contacto directo con Chris McKinnell, el nieto de Ed y Lorraine Warren. Después de semanas de videollamadas, estudios e informes, Claribel fue trasladada —con extremas medidas de seguridad— al museo de los Warren, donde permanece hasta el día de hoy, encerrada en una vitrina bendecida periódicamente.

Pero incluso dentro del museo… Claribel no ha descansado.

Visitantes afirman sentir náuseas al mirarla. Un turista, que se burló de ella y se tomó una foto tocando la vitrina, murió días después en un accidente. En su mochila encontraron la fotografía, parcialmente rota. Algunos creen que eso fue suficiente para despertar la furia de la muñeca.

Claribel no es solo un objeto maldito.

Es una presencia.

Una advertencia.

Una mirada silenciosa… que aún espera.

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Los Tamales del infierno


Historia basada en echos reales

En una populosa colonia de la Ciudad de México, había un próspero negocio de tamales que era famoso en toda la zona. El lugar ofrecía una gran variedad de tamales: rojos con chile seco y costilla de puerco, tamales de mole con suculentos trozos de pollo, tamales verdes con un toque picante y carne de puerco, tamales de rajas con queso y chícharos, de frijoles con queso y rajas de chile cuaresmeño, tamales de champiñones y verdolagas en salsa de tomatillo con chile de árbol y pollo. Y no podían faltar los tamales chiapanecos, envueltos en hojas de plátano y rellenos de carne de cerdo bañada en una deliciosa salsa de chile habanero.

En cuanto a los tamales dulces, el surtido era igualmente tentador: tamales de piña almibarada, de fresa, otros de vainilla con pasta y arándanos, entre otros. Además, se acompañaban con una selección de atoles de diversos sabores, que iban desde el tradicional chocolate y champurrado, hasta el más exótico tamarindo, guayaba o fresa.

La verdad es que siempre había largas filas de clientes ansiosos por disfrutar de esos tamales tan afamados. Todos salían del local con sonrisas en el rostro, satisfechos y alabando la calidad de la comida que ofrecía el lugar, conocido por todos como "Tamales Doña Licha".

Con el paso de los años, el negocio siguió prosperando, ganando fama no solo en la colonia, sino en toda la ciudad. Sin embargo, esa reputación impecable se desmoronó de manera abrupta e inesperada. Una tarde, un niño llamado Juanito estaba comiendo su tamal favorito, uno de salsa verde con carne de puerco, cuando hizo un escalofriante descubrimiento. Al morder el tamal, algo duro le hizo fruncir el ceño. Al inspeccionar el interior, encontró lo impensable: un d3do hum4no entre la masa y la salsa.

Aterrorizado, Juanito corrió hacia su madre para mostrarle el hallazgo. Al verla, el rostro de la mujer se desfiguró en una mueca de horror. Inmediatamente, fueron a la policía a denunciar lo ocurrido. Tras una exhaustiva investigación, la policía arrestó a Doña Licha, la dueña del negocio, que hasta ese momento había sido la cara amable y trabajadora del lugar.

Durante los interrogatorios, y bajo una fuerte presión, Doña Licha terminó por confesar lo impensable: llevaban años utilizando c4rn3 hum4na en la elaboración de los tamales. Todo había comenzado años atrás, cuando Doña Licha tuvo una acalorada discusión con su amante, un hombre llamado Braulio, conocido por ser un vividor y malvivi3nte que la g0lpe4ba y le quitaba dinero constantemente. En esa última pel3a, cuando Braulio la estaba g0lpe4ndo brutalmente, Doña Licha, en un acto desesperado, se defendió y le clavó un cuchill0 directo al c0r4zón, m4tánd0lo al instante.

Desesperada y sin saber qué hacer con el c4dáv3r, Doña Licha recurrió a su hijo Vicente, un joven de 18 años. Juntos, tramaron un plan macabro para deshacerse del cu3rp0. La solución que encontraron fue usar la c4rne de Braulio para los tamales. Lo que comenzó como una acción desesperada pronto se convirtió en una práctica habitual. La clientela, sin saberlo, elogiaba la calidad de la c4rne, diciendo que era "la mejor que habían probado".

El negocio floreció aún más después de ese macabro suceso. Pero cuando la c4rne de Braulio se agotó, Doña Licha y Vicente se enfrentaron a un dilema. La solución que encontraron fue tan aterradora como inimaginable: comenzaron a m4tar a otras personas para seguir abasteciendo su "despensa". Hombres, mujeres, incluso niños fueron víctim4s de este horrendo crim3n, convirtiéndose en el relleno de los famosos tamales que tanto éxito les habían dado.

Durante años, nadie sospechó nada. El negocio seguía creciendo y la clientela aumentando. Pero cometieron un error imperdonable: dejaron un d3d0 hum4n0 entero en uno de los tamales. Fue ese fatídico error el que reveló el horror que se escondía detrás del éxito de "Tamales Doña Licha".

Este aterrador episodio ocurrió en la colonia Portales, de la Ciudad de México, una fría tarde de septiembre de 1971. Desde entonces, el nombre de Doña Licha quedó grabado en la memoria colectiva como uno de los casos más espeluznantes de la historia crimin4l de la ciudad.

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El eco del abandono


María era una mujer sencilla, de manos ajadas y mirada cansada, que había dedicado su vida entera a cuidar de su hijo, Andrés. Desde que el padre de Andrés los abandonó, cuando el niño apenas tenía tres años, María se convirtió en el único sostén de la familia. No le importaba trabajar hasta el agotamiento, pasar hambre, ni siquiera el desprecio de aquellos que la rodeaban. Todo lo que hacía, lo hacía por Andrés.

A medida que Andrés crecía, su relación con su madre se fue deteriorando. En su adolescencia, comenzó a sentir vergüenza de su origen humilde y, con el paso del tiempo, su resentimiento hacia María se hizo más profundo. La veía como una carga, alguien que le recordaba constantemente su pobreza y sus carencias.

Una tarde, cuando Andrés cumplió veintiún años, decidió que había tenido suficiente. Quería comenzar de nuevo, lejos de aquel pueblo pequeño y de la vida que su madre le había impuesto. Sin decir una palabra, hizo sus maletas y se fue. María se enteró de su partida cuando, al llegar a casa después de un día de trabajo, encontró la casa vacía, sin un rastro de él.

El dolor que sintió fue insoportable, como si le hubieran arrancado el corazón. Pasaron los meses y María se quedaba cada noche mirando la puerta, esperando que Andrés volviera, que se diera cuenta de su error y regresara a ella. Pero las noches pasaban, y la puerta seguía inmóvil.

Con el tiempo, María comenzó a debilitarse. Ya no tenía fuerzas para ir al trabajo y apenas salía de casa. Aun así, se aferraba a la esperanza de que Andrés volvería. Se quedaba horas sentada en la vieja silla junto a la ventana, mirando hacia la carretera, esperando verlo aparecer. Pero esa espera se convirtió en su única compañía.

Una fría noche de invierno, María escuchó un ruido en la puerta. Su corazón se aceleró. Pensó que Andrés finalmente había regresado. Con esfuerzo, se levantó y se acercó a la puerta, abriéndola con manos temblorosas. Frente a ella no había nadie. Solo el eco del viento gélido y las sombras de los árboles que se agitaban en la oscuridad. Pero entonces, algo se movió entre las sombras.

Una figura alta y oscura se materializó frente a María, pero no era su hijo. Era algo más, algo que parecía absorber la luz a su alrededor, dejando un frío abrumador en el aire. La criatura, con ojos vacíos y una sonrisa torcida, habló con una voz profunda y desgarradora:

—Él no volverá, María. Te ha dejado, como todos los demás.

María sintió que su alma se rompía. Sus piernas cedieron y cayó de rodillas, incapaz de procesar el dolor y la desesperación. Pero la criatura no terminó allí.

—Ven conmigo —susurró—. Yo te daré lo que buscas. No tendrás que esperar más.

María, perdida en su desesperación, aceptó. Su vida había sido una larga cadena de sufrimiento, y la promesa de una liberación, de cualquier tipo, era tentadora. La criatura extendió una mano larga y descarnada, y cuando María la tomó, sintió cómo el frío la invadía por completo. Su alma se hundió en la oscuridad, atrapada para siempre en un ciclo interminable de tristeza y abandono.

Pasaron años, y el pueblo comenzó a hablar de la casa vacía de María. Nadie sabía qué había sido de ella. Los pocos vecinos que se atrevían a acercarse decían que, por las noches, podían escuchar el eco de sollozos dentro de la casa, como si alguien esperara a alguien que nunca iba a llegar.

Un día, Andrés, tras una vida llena de fracasos y remordimientos, decidió regresar. Al llegar a la casa de su madre, la encontró vacía, desmoronada por el tiempo. Mientras recorría las habitaciones polvorientas, comenzó a escuchar un suave lamento, un llanto apagado que parecía provenir de todas partes. Su corazón se aceleró al reconocer la voz de su madre.

Corrió hacia la fuente del sonido, desesperado por verla, por pedirle perdón. Pero cuando llegó al final del pasillo, la oscuridad lo envolvió. Un frío insoportable lo paralizó, y en la penumbra, vio la figura de su madre, deformada y atrapada, mirándolo con unos ojos vacíos y llenos de rencor.

—Nunca volviste —susurró María, su voz resonando como un eco en las paredes—. Y ahora yo nunca me iré.

Antes de que pudiera gritar, las sombras lo devoraron. Ahora ambos permanecen allí, en la casa vacía, atrapados en un ciclo eterno de abandono y tristeza, mientras el eco de su sufrimiento se extiende por el viento, alcanzando a aquellos que se acercan demasiado.

Y nadie más vuelve.

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El callejón del beso, Guanajuato

Vivía una hermosa y acaudalada joven llamada Carmen, la cual estaba enamorada Don Luis, quien le correspondía, sin embargo el padre de Carmen no aceptaba la relación por la diferencia de clases sociales.
Por tal motivo decidió comprometer a doña Carmen con un viejo y rico noble. Cuando el joven enamorado se enteró de esto compró una casa en frente de la de ella, sólo separados por un callejón, cuál fue la sorpresa de doña Carmen cuando, asomada a su balcón, se encontró a tan corta distancia con el hombre a quien amaba.
Un día el padre de doña Carmen se enteró, subió al cuarto de su hija y los vio juntos, cegado por la furia, enterró una daga de un sólo golpe en el pecho de su hija, Don Luis al ver a su amada morir ante lo inevitable, dejó un tierno beso sobre aquella mano tersa y pálida, ya sin vida.
Desesperado don Luis se suicidó, tirándose desde el brocal del tiro principal de La Mina de la Valenciana.
Desde entonces este callejón lleva ese nombre trágico y romántico. "El callejón del beso"
Esta leyenda tiene una advertencia, la pareja que visite este sitio y se de un beso en el tercer escalón de este afluente angosto logrará su felicidad durante siete años, sin embargo, quien no lo haga y pise el lugar, tendrá siete años de mala suerte. (Tomado de Detourporguanajuato.com)
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El hombre que estuvo en el infierno

Miguel era un minero afortunado que en los tiempos de bonanza minera ganaba dinero a manos llenas pero, con la misma facilidad, lo despilfarraba en toda clase de vicios. En una ocasión Miguel había pasado la noche de juerga con sus amigos. Cuando ya cansado se resolvía a regresar a su casa, vio entre las sombras a una mujer muy atractiva que lo llamaba con voz suave. Miguel, seducido por la joven no desperdició tan espléndida ocasión y caminó con ella hasta internarse en una casa, donde supuso que vivía la guapa mujer. En el interior de una habitación, la misteriosa dama dejó unos instantes a su invitado, apareciendo de nuevo con dos vasos de vino, ofreciéndole uno a Miguel.
-Por tan bella compañera- dijo sonriente y bebió el contenido.
No habían pasado unos tres o cuatro segundos cuando el joven minero se sintió como transportado a otro mundo. La bella mujer lo tomó de la mano y, sin decir palabra, lo condujo hasta una escalera interminable por la que descendieron. Mientras más peldaños bajaban, la temperatura subía y el aire se tornaba enrarecido. Por fin llegaron a otra habitación. De diferentes puntos venían a su encuentro figuras casi humanas con los semblantes descompuestos y las bocas abiertas. Seres que movían las manos tratando de alcanzar a Miguel y que, con enormes uñas desgarraban a quien se aproximara.
La angustia de Miguel había crecido hasta hacerse indescriptible y en ese instante sintió que su acompañante se desvanecía entre el humo y las llamas borrándose por completo frente a sus ojos. Le pareció que el piso se hundía bajo sus pies, y sobreponiéndose, trató de volver sobre sus pasos. Apenas comenzaba a buscar el camino de regreso cuando en uno de los muros se abrió un gran agujero por donde comenzaron a salir diferentes criaturas horripilantes, reptiles y aves de mal agüero. Aquello era verdaderamente espantoso y Miguel perdió el conocimiento.
Al día siguiente, las primeras vecinas que salían de sus hogares para ir a misa encontraron a Miguel en la acera. 
-¡Qué borrachera pescó ayer Miguel Jaramillo!- decían en tono burlón las personas al observar al hombre en tales condiciones-.
Lo cierto es que Miguel sobrevió a la pesadilla o a su real aventura, y así como está escrito lo contó a sus amigos, quienes nunca dejaron de pensar que el episodio no fue más que un delirio producido por la bebida.
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El Callejón de la Calavera (Xalapa)

Cerca del Parque de Los Berros hay un callejón empedrado que los xalapeños llaman de La Calavera. Cuentan que allí vivía un matrimonio que se llevaba muy mal por el alcoholismo del marido.
Una noche, éste llegó como siempre borracho a su casa, donde lo esperaba enfurecida su mujer por ciertos rumores sobre su infidelidad. Cuando el esposo le pidió de cenar, ella lo atendió de mala gana y le dijo que mejor se fuera a dormir; incluso, salió a comprarle una botella de licor para que el hombre bebiera más y se durmiera pronto. 
Al dar los primeros ronquidos, loca de celos, la mujer se fue al patio a buscar un hacha, regresando con la obsesión de cortarle la cabeza; efectivamente así lo hizo, quedando las cobijas tintas en sangre. Pensó: 
-"Ya pasaste de tus 'sueñitos' al sueño eterno." 
Con frialdad, envolvió la cabeza en una manta y la guardó en un tenate con cal; después metió el canasto debajo de la cama, enterrando el cuerpo en medio de la pieza. 
Como los vecinos no veían a la pareja, avisaron al propietario del patio que nadie salía del cuarto. Por lo tanto, dieron cuenta a la policía, quien después de una minuciosa revisión, encontró el tenate con el cráneo y el cuerpo sepultado, pero ya en estado de descomposición. 
Este crimen motivó para que se conociera la calzada como Callejón de la Calavera.
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CdMx: La Novia

Se dice que en la ciudad de México, hubo una mujer de increíble belleza y dotada de un alma tan pura que todos los hombres querían cortejarla. A ella no parecía interesarle nadie de la ciudad pero se dice que cierto día, caminando por la calle conoció a un joven totalmente desconocido, un joven apuesto y de provincia que venia a trabajar a la ciudad.
Ella no tardó en enamorarse de aquel hombre pues siempre la procuraba y era sumamente caballeroso con ella. Pasó un tiempo y decidieron casarse, ella estaba feliz, sentía que era la joven mas afortunada del mundo, pero el no parecía creer lo mismo.
Cuentan que el día de la boda llegó, ella lucia espectacularmente hermosa con su vestido y aquella felicidad que le iluminaba la cara. Ansiosa llegó a la iglesia, toda la gente importante se encontraba en la ceremonia excepto el novio.
Todos creían que tal vez un contratiempo de 10 tal vez 15 minutos lo demoró pero pasaron varias horas y él nunca se presentó.
Todos trataron de consolar a la joven que sumergida en su dolor no dejaba de llorar preguntándose por que no había llegado el a la boda.
La llevaron a su casa después de calmarla y la recostaron en su cuarto pero ella seguía deshecha, no aceptaba haber perdido al amor de su vida, se levantó frente a un espejo y al verse con aquel hermoso vestido pero con el alma destrozada tomó un cuchillo y comenzó a herirse en el vientre y en el pecho jurando ante un crucifijo que regresaría de la muerte para vengarse de aquel hombre y de todo aquel que hiciera el mismo daño.
La noticia de su muerte se hizo saber por toda la comunidad y según se cuenta, el joven fue visto días después de la boda con otra joven y relatando en las cantinas que el había obtenido lo que cualquier hombre del lugar hubiera querido y que tubo el lujo de despreciarlo.
Noches después fue encontrado en la puerta de la iglesia muerto a cuchilladas pero se dice que el espíritu de la joven cumplió su juramento ya que el difunto tenía un anillo en el dedo, el mismo anillo con el cual ella había sido enterrada.
Según la leyenda, cada vez que un hombre deja plantada a una mujer frente al altar, ella vuelve a cobrar su venganza haciendo pagar el dolor que les causan a las mujeres.
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La Condesa Bathory: un vampiro real

La obsesión por el paso del tiempo, en detrimento de la belleza, no es exclusividad del siglo XXI. La historia registra incontables casos de gente que llegó a extremos escalofriantes para mantener la vejez lo más alejada posible, entre los que se destaca el de la condesa Elizabeth Bathory. Nacida en 1560, en una familia distinguida con personajes tales como un tío Rey de Polonia, desde temprano, la vida de esta mujer estuvo teñida por el lujo y el sadismo.
A los 15 años, se casó con el Conde Nadasdy, conocido como “El héroe negro”, que pasaba grandes temporadas en el campo de batalla, mientras su mujer lo esperaba en el castillo de los montes Cárpatos. Para sobrellevar la ausencia, la mujer se dedicaba a dos pasiones: la alquimia y tener relaciones lésbicas con sus doncellas.
Tras dar a luz a cuatro hijos y padecer la muerte de su esposo, a sus 40 años, la condesa finalmente decidió dedicarse a las artes oscuras con el objetivo de mantener su juventud. Para ello, salía a los Cárpatos en busca de doncellas a quienes llevar a su castillo, en donde las drogaba, humillaba y acuchillaba, para llenar finalmente su bañadera de sangre virgen.
Las mujeres más jóvenes y bellas se llevaban la peor parte: las mantenía encerradas para robarles su sangre y tomarla de a pequeños sorbos. Al descubrir la masacre, el rey Húngaro la condenó a una muerte lenta, que consistió en emparedarla, dejando sólo un orificio para que beba y coma. Murió cuatro años más tarde.
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El Diablo en el espejo

Unos amigos se reunieron aprovechando las fiestas navideñas para compartir una noche de alcohol y risas en mitad de un descampado. Como es habitual en este tipo de reuniones sin saber como empezaron a contar historias de terror y leyendas que conocían. Un par de ellos escuchaban asustados las escalofriantes historias que se contaban, pero la mayoría que ya llevaba un par de copas de mas, aprovechaban para bromear y tratar de asustar con un grito o saltando sobre los amigos cada vez que la narración hacía un silencio.
Sin embargo cuando Alberto comenzó a contar su leyenda todos se quedaron como petrificados:
“En Nochebuena, justamente a las 12 de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verle tiene que ser ese mismo día a esa misma hora. Vete al baño, puesto que es el lugar más propicio para realizar el evento, y cierra la puerta. Enciende 12 velas, a poder ser negras, apaga la luz y sitúate enfrente del espejo. Cuando quede poco para que sean las 12, cierra los ojos y mantenlos cerrados hasta que quede sólo una campanada de las doce que deben sonar. En ese momento el Diablo se aparecerá en el espejo sólo durante un segundo”
Tras terminar su historia nadie sabía que decir, los envalentonados muchachos estaban realmente asustados porque sabían que con las fuerzas del más allá no se debe bromear y la figura del Diablo siempre ha sido una de las más temidas desde el comienzo de la humanidad.
Pero para Pablo era el momento perfecto para hacerse el machito, siempre había sido un segundón en el grupo y nadie le tomaba en cuenta por lo que era el momento perfecto para hacerse el valiente:
“¡Eso es mentira y yo lo puedo demostrar cuando quieras!”
Todos se giraron a mirarle y rápidamente Alberto contestó:
– ¿Si tan valiente eres por qué no lo probamos? Dentro de un par de días será Nochebuena, yo mismo pongo las velas. Pero si te echas atrás te tendrás que comer las doce velitas delante de todo el grupo en año nuevo.
-Ok, pero si lo hago y te demuestro lo contrario ¡Quien se comerá las velas serás tú por bocazas!
El grupo se rió y pasados unos minutos todo parecía haber quedado olvidado, pero para Alberto eso había sido un desafío a su autoridad como el líder del grupo y no iba a quedar así. Por lo que un par de días después se presentó en la casa de Pablo con una bolsa que contenía doce velas negras, una biblia satánica que le había prestado un amigo gótico de su hermana, un pentagrama con la cabeza de un carnero y una cámara capaz de grabar en la oscuridad que su padre guardaba en uno de los armarios como si fuera de oro.
Su intención era que cuando Pablo viera lo “completo” de su ritual de invocación se echara atrás y le pidiera disculpas pero lo que no se podía esperar es que el chico reafirmado en su intención de hacerle comerse las velas frente a todos en la fiesta de Año Nuevo bromeara sobre el tamaño de estas:
– ¿Qué pasa Alberto que no las había más grandes? ¿Tanto miedo te da tragártelas delante del grupo que has ido a comprar velas de cumpleaños?
– Tú tranquilo Pablito que cuando te cagues del susto al menos las llamas de las velas ocultarán el olor.
Alberto entró en la casa de Pablo y sin dirigirle ni una mirada mas pasó al baño de su habitación.
Tal y como había visto en varias páginas de invocaciones que había encontrado en Internet colocó cinco de las velas en cada una de las puntas del pentagrama, cuatro de ellas a los lados del espejo y las tres restantes junto a la biblia satánica que intencionadamente dejó abierta por una página en la que había una especie de invocación o ritual. La escena del cuarto de baño con el pentagrama iluminado únicamente por la luz de las velas era digno de una película de terror y Pablo a pesar de tener que hacerse el valiente sintió como se le encogía el estómago al pensar que tenía que entrar solo para realizar la invocación.
– Bueno chaval hasta aquí puedo estar yo en el baño- dijo Alberto con voz socarrona – por si te echas atrás en el último momento y abres los ojos antes de tiempo te he colocado una cámara de vídeo ¡Mucha suerte, espero que la leyenda no sea cierta porque de lo contrario no creo que lo cuentes! – dijo intentando darle aún más miedo – Yo te espero aquí fuera para que no te de por salir corriendo.
Pablo se encontraba dentro del baño con la luz apagada, faltaba menos de un minuto y ya sentía como las gotas de sudor le caían por la frente. Una cosa es hacerse el chulito delante de todo el mundo pero otra era encontrarse con ese escenario aterrador y disponerse a invocar al mismo Diablo por una apuesta. Sin embargo reunió todas sus fuerzas para no salir corriendo y cuando Alberto le avisó cerró los ojos.
Pocos segundos después escuchó la primera campanada del reloj que tenían sus padres en el salón, el miedo que tenía y el silencio era tal que cada una de ellas parecían sonar cada vez más lentas. Al tener los ojos cerrados no percibió que con cada campanada se apagaba una vela, como si el mismo Diablo estuviera consumiendo cada una de ellas al ritmo necesario para que se apagaran simultáneamente a cada uno de los “clang” del reloj. Al sonar la campanada número once, tal y como le había indicado Alberto, Pablo abrió los ojos…
Alberto al otro lado de la puerta del baño esperaba que Pablo se echara atrás y saliera en cualquier momento, pero tras sonar la última campanada todo quedó en silencio. Llamó a su “amigo” pero no obtenía respuesta, ya había transcurrido más de un minuto y Pablo no salía así que decidió abrir la puerta. Al abrirla todo estaba a oscuras y sólo se escuchaba una respiración ahogada en el suelo, un fuerte olor a azufre inundaba el lugar y Alberto sintió que algo iba mal. Encendió la luz del baño y se encontró al otro chico con la cara desencajada del miedo mientras se llevaba fuertemente la mano al pecho.
De puro terror había sufrido un ataque al corazón y lo único que alcazaba a decir era:
“Lo he visto, lo he visto”
Al llegar al hospital los médicos no salían de su asombro, el corazón parecía estar bien y perfectamente recuperado, no obstante el chico se encontraba en una especie de shock y no hablaba con nadie, salvo para repetir una y otra vez que “lo había visto”.
Días después salió del hospital perfectamente recuperado, al menos físicamente ya que nunca volvió a ser el mismo, se convirtió en una persona asustadiza y retraída que frecuentemente se quedaba pensativo y en silencio a mitad de una conversación.
Alberto por su parte nunca se atrevió a ver lo que contenía la cinta y decidió tirarla a la basura junto a los objetos que se habían usado en la invocación. Quien sabe si algún día alguien la encontrará y podrá presenciar que fue lo que vio Pablo antes de que se apagara la última vela. Por su parte Pablo sabe que volverá a ver al Diablo el día que muera, ya que éste vendrá a reclamar su alma en persona.
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CdMx: Casa de Don Juan Manuel

En la calle de Uruguay 94, en el Centro Histórico, se encuentra el inmueble que habitó Don Juan Manuel de Solórzano, edificio que encierra la historia de un hombre que, de acuerdo la leyenda, vendió su alma al diablo con tal de saber con quién lo engañaba su mujer.
Supuestamente en las noches aparece un hombre en el portón de la construcción y pregunta la hora. Si alguien contesta "Son las 11 de la noche" él dirá "¡Dichoso aquel que sabe la hora de su muerte!
Este sitio en la actualidad sirve de salón para eventos y fiestas privadas, ya que su arquitectura del siglo XVI lo convierte en un lugar bello y confortable para pasar el tiempo con amigos, además de que está catalogado como Monumento Histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
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D.B Cooper: Un caso cerrado sin resolver

Luego de 45 años de investigaciones, el FBI decidió cerrar el pasado martes el caso del vuelo 305, donde un sujeto se tiró de paracaídas luego de tomar el control de la nave y cobrar un rescate. Conocé la historia.
Cuatro décadas y media después, el FBI, la agencia de inteligencia más importante del mundo, se rindió. El caso del vuelo 305 se convierte así en el primero de su tipo sin ser resuelto por la Federal Bureau of Investigation.
“El 8 de julio, el FBI decidió redireccionar los recursos dedicados al caso D.B. Cooper para enfocarse en otras prioridades de investigación. Durante los 45 años de pericias, el FBI revisó exhaustivamente las pistas creíbles, coordinó la tarea de múltiples oficiales en búsquedas, recolectó toda evidencia a disposición y entrevistó a todos los testigos identificados. Las pruebas obtenidas a lo largo de estos años serán preservadas para propósitos históricos en el Cuartel General del FBI en Washington DC” dice el comunicado oficial.
La historia se remonta al 24 de noviembre de 1971, día en que D.B. Cooper sacó un vuelo para ir de Portland, Oregon hasta la ciudad de Seattle, al norte del país norteamericano.
Lo que era un vuelo normal, se transformó en una verdadera escena de película. Cooper le entregó una nota a una asafata, diciendo que en su maletín tenía una bomba. La mujer pudo constatar que dentro del equipaje del pasajero había diversos cables de colores conectados a un reloj y a lo que supuestamente eran explosivos.
Por pedido del secuestrador, la azafata le comentó la noticia al capitán y le entregó una nota con las demandas de Cooper: cuatro paracaídas y 200 mil dólares en billetes de 20 dólares que serían entregados al llegar a Seattle.
Ya en la ciudad del estado de Washington, Cooper liberó a 36 pasajeros tras cobrar el rescate. Aún así, le exigió al capitán que despegará con dirección a Ciudad de México. En las proximidades de Reno, Nevada, tomó un paracaídas, su dinero y se tiró al vacío.
45 años pasaron y el FBI no sabe a ciencia cierta qué es lo que sucedió. Todo tipo de conjeturas se barajaron: que era un experto militar o que no sabía lo que estaba haciendo, puesto que lanzarse de un avión comercial representa un peligro muy difícil de sortear.
Ralph Himmelsbach fue el agente que comandó la investigación. Realizó cientos de entrevistas y recibió miles de cartas, muchas de ellas falsas. La única pista tangible que se encontró fue un paquete con 5.800 dólares en billetes de 20, en muy mal estado, que coincidían con la serie que se le entregó a Cooper.
La teoría que más barajaron era que el secuestrador efectivamente había muerto. Aterrizó sobre un bosque muy frío, sin ropa apropiada y con un paracaídas que no era posible maniobrar. Aún así, el caso permanece sin resolver.
“A pesar de que el FBI ya no investigará activamente este caso, si emergiera nueva evidencia física -relacionada con el paracaídas o el dinero tomado por el secuestrador- deberán contactarse con su oficina local del FBI” cerró el comunicado.
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Tres relatos espeluznantes de "La Mano Peluda"

"La Mano Peluda" dijo adiós.
Con más de dos décadas al aire, el popular programa de terror -que llegó a ser uno de los más exitosos de la historia contemporánea de la radio en México- se despidió para siempre de sus oyentes.
"Hoy fue un día funesto para nosotros. Nos dieron a conocer, luego de 22 años y casi 5 meses de duración, que 'La Mano Peluda' llega a su fin. Agradezco al universo 'peludomaniaco'. Muchas gracias por haber estado con nosotros", expresó el jueves por la noche su locutor, Rubén García Castillo.
A las 22:00 del viernes 12 de enero tomó el micrófono de Radio Fórmula para presentarlo por última vez.
El formato era sencillo y su estilo recuerda al de las viejas radionovelas.
Los oyentes -o "peludomaniacos"- llamaban para relatar en vivo sus historias sobre hechos tenebrosos y experiencias sobrenaturales, que García escuchaba con atención y sin asomo de incredulidad.
Antes era Juan Ramón Sáenz quien lo hacía, pero un paro respiratorio le quitó la vida a los 48 años, el 29 de mayo de 2011. Algunos de sus radioescuchas dicen que el programa estaba "maldito" desde entonces.
Grupo Fórmula no quiso aclarar las razones que le llevaron terminar la emisión del programa. Fue uno de los pocos espacios radiofónicos en el país nutridos casi en su totalidad por la audiencia.
Sin importar si las historias eran verídicas o no, cada noche los radioescuchas sintonizaban el programa para escuchar historias que quitaban el sueño.
Pero cuando Rubén García anunció el fin de su emisión, dijo a los oyentes: "Teman más a los vivos que a los muertos".
Estos fueron algunos de los testimonios más fascinantes.

1. El caso de Josué

Una de las historias que más repercusión tuvo de entre las más de 53.000 que se contaron en el programa fue la de Josué Velázquez, quien llamó a mediados del 2002 desde el Monte, en California, Estados Unidos.
Su caso protagonizó titulares de varios medios de comunicación en México. Más de 15 años después, continúa siendo objeto de debate en foros de internet. Algunos lo relacionan con la muerte de Sáenz.
Velázquez explicó que, de niño, cruzó la frontera hasta EE.UU., acompañado de su madre, su abuela y sus dos hermanos. También aseguró haber hecho un pacto con el diablo a cambio de poder y dinero para superar una crisis económica.
"Llevo más de cinco años intentando pactar con algún demonio", comenzaba su relato. "Mi objetivo principal era, en un principio, hacer contacto y llegar a una negociación con Satanás".
Y lo había logrado, afirmó. Pero estaba en apuros. Dijo que no podía disfrutar del dinero porque los demonios lo atormentaban y declaró, entre sollozos, que no quería morir.
Dijo haber matado a su abuela para lograr el propósito. De acuerdo con su relato, las huellas del crimen desaparecieron después.
Su caso impactó tanto a Sáenz que en 2011 fue a visitarle y le hizo una entrevista para el programa de televisión "Extranormal". Fue la última entrevista que haría.
El 19 de mayo, Josué guió al presentador y al resto del equipo a un lugar "secreto". Allí contó que seguía en contacto con aquellos demonios que tanto le atormentaban.
Tras la entrevista, el camarógrafo fue operado de una hernia y el investigador, Mario Estrada, sufrió un accidente automovilístico, se lee en la web de la productora, TV Azteca.
Diez días después, Juan Ramón Sáenz falleció a causa de una fuerte infección gastrointestinal que le provocó un paro cardiorespiratorio.

2. Las "malditas" botas con sangre

En diciembre de 2014, un ingeniero llamó al programa para contar que él y su esposa escuchaban ruidos raros en su casa de Ciudad de México.
El asunto se tornó extraño cuando ella encontró unas botas de minero junto a una puerta que daba al sótano de la casa. La pareja se deshizo de las botas, pero éstas reaparecieron.
"Me da mucho terror cada vez que lo cuento", explicaba el radioyente.
El narrador dijo que disparó con su pistola a una persona que cayó rodando por las escaleras, luego de días de ruidos y golpes en la puerta.
Al bajar al sótano, no había nadie, tan sólo las botas, "las mismas que mi esposa había tirado hacía dos o tres meses". Esa vez, relató, tenían sangre.
El final de la historia es trágico: "Mi esposa está en un hospital psiquiátrico en Guadalajara. Yo la voy a ver cada mes. Ella no me reconoce. Cuando regresé a la casa, lo primero que vi fueron las malditas botas, igual, junto a la puerta del sótano. Cerré la puerta y nunca más regresé".

3. El oso de peluche que "habló"

"Le voy a contar una historia que a mí me sucedió. Hay gente que me cree, gente que no, gente que se ríe... pero fue así me sucedió", explicaba Martín en 2013 .
En su narración, decía que hacía algunos años se había cambiado de casa: "Yo tendría como unos 14 o 15 años y me fui a vivir con mi hermana.
Ella trabajaba de policía junto a mi hermano. Ellos iban a trabajar desde las 5 de la mañana. Nosotros teníamos nuestro cuarto y ella tenía su cama".
"En su cumpleaños le regalaron una osa de peluche, de esas grandes", relató.
Un día su hermana le dijo que no iba a la casa a dormir.
Él sintió frío y se le ocurrió meterse en la cama de su hermana, que tenía un edredón más grueso. "¡Pero ahí estaba la osa, señor Ruben!", le contó al locutor.
"Me acosté, me tapé... ¡y la osa estaba de mi lado! Y, de repente, la osa se voltea y me dice que me ve".
Esta historia es una de las más escuchadas en el canal que los fans del programa crearon en YouTube, pero millones de personas la escucharon también en antena.
Como este, muchos otros cuentos de terror ya no se escucharán en "La Mano Peluda". Al menos, a través de la radio. Pero el legado de los más de 20 años de historias de terror que dejó el emblemático programa sigue vivo en internet. (Con información de BBC News)
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